🧿 Jueves, 23 agosto 2018 – Aeropuerto Adolfo Suárez - Madrid

 🧿 Jueves, 23 agosto 2018 – Aeropuerto Adolfo Suárez - Madrid


“Última llamada para los pasajeros del vuelo…” La megafonía retumba entre el murmullo incesante de viajeros, el traqueteo de maletas y el siseo del vapor de una cafetera en la barra.

Salgo de mi ensoñación con la visión borrosa y la mandíbula tensa; no me había dado cuenta de cuánto la apretaba hasta que he intentado relajarla. Miro la pantalla de la puerta de embarque por enésima vez, aunque ya sé que mi vuelo está en hora. Son las 14:56h, el espresso de Lavazza humea entre mis dedos y su aroma amargo me devuelve al presente recordándome dos únicas certezas en este momento: la maleta a mis pies y el billete en mi bolsillo. El resto es un gran interrogante. Siento que los nervios de los días previos se han fundido en una inquietante mezcla de emoción y vértigo, pero ahora hay algo más: unas ganas irrefrenables de pisar el país del este de África. El destino me aguarda.

Durante el vuelo consigo dormir a ratos. La música de Shawn Mendes se filtra en mis auriculares ahogando el murmullo del avión y el leve zumbido de los motores. Entre escalas y controles de seguridad cruzo miradas y conversaciones con otros viajeros. Conozco a una pareja que viaja a Nairobi y a una voluntaria que regresa por tercera vez a un orfanato en Entebbe. Su historia me atrapa. Me cuenta que ha estado en India y Nepal, pero que no ha conocido nada comparable con las sonrisas de los niños ugandeses. Hay un brillo especial en su voz, una emoción genuina que me contagia y, con sutileza, me descubro esbozando una media sonrisa. No es solo su relato lo que me impacta, sino la certeza con la que habla, como si estuviera a punto de reencontrarse con un hogar lejos de casa. La curiosidad se instala en mi pecho: ¿Será así para mí también?

Ahora sí, tomo mi primera pastilla de Malarone. Es pequeña, pero su sabor amargo se queda un instante en mi lengua antes de que la trague con un sorbo de agua. Cruzo los dedos esperando sortear los efectos secundarios.

El viaje no ha hecho más que comenzar.

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